OSOS POLARES REYES DEL ARTICO

La primera vez que ves un oso blanco en libertad queda grabada en la memoria para siempre. Aparece bajo la ventisca, como un espíritu, caminando lentamente. Se para y husmea el aire moviendo su enorme cabeza de lado a lado. La nieve resbala sobre su denso pelaje y sus pies, perfectamente adaptados, se deslizan sobre el hielo sin dudar de su destino. Porque los osos blancos viven errantes en un mundo de hielo y silencio. Su casa es cualquier lugar por encima de los 58º N hasta los 82º N (excepcionalmente hasta los 88º N) donde resida la nieve, el agua y el viento. Por eso el Ursus maritimus, el poderoso depredador blanco, el mayor carnívoro terrestre, es el señor del hielo, el rey del Ártico.

Características físicas

El oso blanco es un perfecto ejemplo de adaptación al medio hostil e inhóspito en el que habita.

Su aspecto general es más estilizado que el de los Ursus arctos horribilis, los grizzlys americanos, de quienes se separaron evolutivamente hace 100.000 años.

El cráneo de los osos blancos tiene una longitud que varía de los 37 a los 41 cm. según poblaciones. Su cuello es también más largo, lo que, junto a unas orejas más pequeñas y redondeadas, les confiere un característico "perfil romano". Sus ojos son oscuros y están dotados de un opérculo para polarizar la luz.

Su dentición, de 42 dientes (20 en la mandíbula superior y 22 en la inferior) corresponde a la de un animal carnívoro, con unos caninos poderosos y unos molares preparados para la trituración de la carne de sus presas.
Los machos adultos pueden llegar a medir entre 2,40 y 2,60 m y pesar entre 400 y 600 kg.  En 1960, en Kotzebue Sound (Alaska), fue abatido un ejemplar de 3,7 m que pesó 1002 kg.

Las hembras, de menor envergadura que los machos, pesan entre 150-350 kg., aunque las gestantes pueden alcanzar los 500 kg.

El pelo del oso, que puede parecer blanco, amarillo pálido o a veces crema, es realmente translúcido, incoloro, y está distribuido en capas, una más profunda con pelo corto y espeso y otra más superficial con pelo largo. Además de servirle de camuflaje en el medio ártico, donde se desarrolla su vida, cada pelo funciona como un hilo de fibra óptica: tiene la finalidad de captar el calor del sol y transmitirlo a la piel del animal, que es negra  y que actúa como receptor calórico manteniendo su cuerpo a una temperatura confortable que le permite soportar temperaturas mínimas rigurosísimas y vientos de más de 200 k/h. El aislamiento necesario para sobrevivir en el medio ártico se lo proporciona tanto su pelaje como su gruesa capa de grasa subcutánea, de entre 5 a 10 cm, que permite al oso polar hacer cosas como resistir una ventisca inclemente o sumergirse en aguas gélidas, nadar en ellas el tiempo que quiera y salir indemne sin más necesidad que la de sacudirse el agua de su pelo.


Sus pies, que pueden tener hasta 30 cm. de diámetro, están también forrados de pelo y en sus plantas tiene unas pequeñas protuberancias y cavidades que actúan como ventosas, haciendo que esta superficie rugosa le permita sujetarse sobre los témpanos de hielo y trepar por ellos con una agilidad asombrosa. Tiene unas garras poderosas, de color oscuro, cortas y no retráctiles. Su cola es corta, de entre 7-12 cm.

Normalmente se desplaza con parsimonia, con movimientos oscilantes a lado y lado, de manera pesada. La velocidad de su marcha puede ser de unos 5 o 6 km/h, pero si ha de huir o correr tras alguna presa, puede alcanzar una velocidad de 50 km/h.

Su vista y su oído son similares a los nuestros, pero goza de un olfato prodigioso que le permite subsistir en el Ártico. Es capaz de localizar los agujeros de ventilación de las guaridas de las focas a una distancia de más de 1 km. y detectar su presencia bajo una capa de 90 cm de nieve o hielo.

La reproducción del oso blanco es vivípara. Las hembras llegan a su madurez sexual entre los 3 y los 5 años de vida, y los machos hacia los 6. El celo de las hembras sólo dura unas tres semanas, entre abril y mayo, y sólo en esa breve época aceptan la compañía del macho.

La implantación de los óvulos fecundados es diferida y depende del estado físico de la hembra y de la viabilidad o no de su embarazo. Caso que haya ganado el peso suficiente, a finales de septiembre primeros de octubre empieza su gestación que dura 8 semanas. Entre noviembre y diciembre nacen los oseznos, generalmente dos, aunque a veces pueden llegara ser 3. Tienen los ojos cerrados y el cuerpo recubierto de una especie de pelusa ligera, miden 25 cm y pesan menos de 1 quilo..

Como la leche de las osas es muy rica y contiene hasta un 47% de materia grasa, los oseznos ganan peso muy rápidamente y cuando salen al exterior, 4 meses después, ya pueden caminar y correr tras su madre.

Alimentación

El alimento principal de los osos polares son las focas anilladas (Phoca hispida), pero también caza focas barbadas (Erignathus barbatus), focas pías (Phoca groenlandica) y focas de casco (Cystophora cristata). También pueden cazar ejemplares jóvenes de morsa (Odobenus rosmarus) y belugas (Delphinapterus leucas).

La táctica utilizada por el oso polar es la descrita por Alwin Pedersen, naturalista que ha estudiado el comportamiento de los osos cazando, como “Táctica de la inmersión silenciosa y de ataque sorpresa”, aunque cuando detecta madrigueras de focas bajo el hielo, accede a ellas desde la superficie, derrumbando la bóveda del refugio con los terribles golpes propinados por sus patas delanteras, atrapando a su presa y matándola de un poderoso mordisco en el cráneo.
Población y distribución

El Instituto Polar Noruego calcula que hay de 25.000 a 30.000 osos blancos, todos ellos en el hemisferio norte y ocupando territorios del Canadá, Alaska, Groenlandia (Dinamarca), Islas Svalbard (Noruega) y Rusia. Sólo en muy contadas ocasiones llegan a los fiordos del norte de Islandia, en icebergs a la deriva. Pero cuando eso ocurre son abatidos para evitar peligros a la población humana.Canadá es el país que tiene la población más numerosa de Ursus maritimus, unos 15.000, repartidos entre los territorios Nunavut, Elesmere Island, Tierra de Baffin, y en la Bahía de Hudson.

Churchill, una pequeña localidad situada en el oeste de la Bahía de Hudson, está considerada como "la capital mundial de los osos polares", puesto que es el lugar del planeta en el que los osos blancos son más accesibles y donde pueden estudiarse y observarse con más facilidad.

El Wapusk Nacional Park, a 45 km al este de Churchill, es una de las mayores zonas de reproducción de osos polares del mundo, con una superficie protegida de 11.000 km2. La reserva cuenta con una población de unos 1200 individuos, y preserva unas 100-150 oseras en las que cada año las hembras dan a luz unos 200-300 oseznos. Los osos del área de Churchill, la población más meridional del mundo, viven en las costas de la bahía desde julio hasta noviembre, mientras esperan que las aguas vuelvan a helarse para adentrarse sobre el hielo en busca de sus presas. Es en octubre-noviembre cuando se detecta mayor actividad osera y cuando pueden ser observados y fotografiados.

Estatus legal y amenazas actuales

En 1955 la UICN solicitó medidas protectoras ante el grave retroceso que sufrían las poblaciones mundiales de osos polares por la caza demoledora a que se veían sometidos. En septiembre de 1965 se celebró en la Universidad de Fairbanks (Alaska) la 1ª Conferencia Internacional sobre el oso blanco y se acordó la protección de madres y crías, pero se siguieron cazando osos indiscriminadamente y entre 1968-69 se llegaron a abatir 1500 ejemplares.

En Julio de 1975 la Convención Internacional sobre Comercio de Especies Animales y Vegetales Amenazadas (Convención de Washington) determinó la obligatoriedad de obtener permisos para la exportación de osos o sus pieles.

En mayo de 1976 se prohibía cualquier tipo de caza que no fuera la tradicional (comunidades inuit) y fuera de las áreas limitadas.

Actualmente la UICN sitúa al oso polar en el Apéndice II del convenio CITES, que contempla aquellas especies que si bien no están en peligro de extinción, podrían llegar a estarlo si no se regulan convenientemente su comercio y aprovechamiento.

Pero el oso blanco, que sobrevivió a la presión cinegética del siglo XIX para conseguir su piel, y también sobrevivió a las enfermedades producidas por virus y microbios llevados a su hábitat por los primeros colonizadores europeos, se enfrenta ahora a unas amenazas mucho más graves contra la que sólo podrá luchar desarrollando mecanismos de adaptación al medio y transformando sus hábitos.

Las nuevas amenazas son la explotación comercial de los recursos naturales de las zonas árticas (minería y petróleo); la construcción de bases militares y observatorios meteorológicos, la contaminación del ecosistema con metales pesados, pesticidas, PCBs. el furtivismo; la inanición (los osos actuales pesan unos 80 kg menos que hace 15 años) y las perturbaciones que el llamado "ecoturismo" pueden producir en sus hábitats (estudiadas por The World Wide Fund, WWF).
Estatus legal y amenazas actuales

La más grave de todas, sin embargo, es la que está relacionada con el llamado "cambio climático".

Biólogos y zoólogos de la Universidad de Alberta, en el Canadá, han lanzado un S.O.S. por el oso blanco, amenazado de extinción en sólo 100 años por efectos del calentamiento global de la Tierra, que ya ha empezado a incidir sobre la banquisa ártica que se está deshaciendo a un ritmo de un 9% cada 10 años. Según los cálculos que se han hecho siguiendo esta progresión, a mediados del S. XXI el Ártico podría descongelarse al llegar el verano y volver a recuperar parte de esa masa de hielo al acabarse la estación.

Este fenómeno tendría consecuencias gravísimas para todo el ecosistema y muy especialmente para los osos porque los que viven en la banquisa, como los del mar de Beaufort, dependen absolutamente de la existencia del hielo para desplazarse en busca de focas y cazarlas, como también de los bancos de nieve, sobre el hielo, para cavar sus madrigueras.

Otras poblaciones, como la de la Bahía de Hudson, en la que la mayor parte de la banquisa se funde cuando llega el verano, también sufrirían los efectos del deshielo porque su largo ayuno actual, de unos 4 meses, se alargaría poniendo en peligro su supervivencia.

A pesar de las previsiones altamente negativas para el Ursus maritimus, son muchos los expertos que opinan que podrían adaptarse a las nuevas condiciones climáticas y sobrevivir a una hipotética extinción. Así, el Dr.Peter Wadhams, del Scott Polar Research Institute de Cambridge, y uno de los expertos de más prestigio en materia del Ártico opina que "Es posible que el oso polar se adapte a su nuevo hábitat, como el oso pardo de Alaska que se alimenta de salmón, además de pequeños animales terrestres".

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